En horas de la madrugada. La mayor rebelión en este mundo es creer en ti mismo, a pesar de todo y de todos.
Páginas
jueves, 28 de enero de 2021
miércoles, 23 de diciembre de 2020
Sí
Reviéntalo todo, que cada fragmento arda, que explote; pero por medio del arte. Haz volar la realidad, pártela en miles de pedazos. Destrúyela.
jueves, 3 de diciembre de 2020
Se acabó el año
Crusoe
Ya que no trabajo para ningún medio periodístico, excepto para mí mismo, es hora de retomar la disciplina férrea que una vez me impuse, muchísimo más férrea ahora puesto que no hay un jefe de redacción que me vigile y corrija. Poco a poco, sin prisa, lo lograré. No es una carrera, ni enteramente un trabajo, es más que nada un hobbie. Pero va en serio.
Pensamiento
Me acepto, acepto mis circunstancias, acepto todo. Estoy dispuesto a cambiar mi destino.
La Voz Interior dice:
Utiliza todo a tu favor, C. A.
domingo, 15 de noviembre de 2020
Por amor al arte
Hoy me levanté con dolor de dientes. Lo cual no sé si es por el frío que ha hecho o por apretar la dentadura con fuerza sin darme cuenta. Me duelen los dientes. Pasé toda la noche despierto tratando de grabar un cuento para subirlo al canal de youtube, que tengo abandonado desde hace mucho tiempo, pero el computador no me sirve, se me apagaba y era una lucha hacer la edición del audio, que no grababa de un tirón sino por partes. Empecé a grabar ayer en la noche, y pegó un aguacero que duró casi toda la madrugada. Hoy también quiso llover, pero sólo fue una llovizna leve, un rato. Al final desistí de grabar e iba a ponerme a leer -tengo un libro en físico de Twain que empecé y lo tengo en standbye, así como uno de Conrad y otro de Ellroy en pdf-, pero me puse a ver una conferencia en youtube de un escritor mexicano llamado Julián Herbert, de quién tengo en pdf su libro Canción de tumba, descargado por ahí en una página de internet. Me han gustado mucho sus conferencias, o charlas, charlas literarias, bien documentadas y con una base bibliográfica extensa y envidiable, en las que habla del zen, un tema que al parecer interesa mucho al autor. En fin, no intento más grabar con mi pc, ¡no sirve! Tengo que comprar uno nuevo con buenos equipos de grabación.
miércoles, 21 de octubre de 2020
Gnoseología
-El camino hacia el infierno, está empedrado de buenas intenciones.
-Y el camino hacia el cielo, ¿está empedrado de malas intenciones?
sábado, 25 de julio de 2020
Levitación
Era como si yaciese sobre una nube, no había en mi cabeza un solo pensamiento que me atormentara el alma o la pusiera feliz. No sentía mi cuerpo ni lo que lo sostenía, era una sensación de liviandad, de vacío espiritual; mi mente estaba en blanco, lo cual es raro en mí, yo que siempre ando imaginándome cosas.
lunes, 24 de febrero de 2020
El Síndrome de la Juventud
Vivir como si el mundo fuese a acabarse mañana, con el pie en el acelerador, a fondo. El Síndrome de la Juventud. Oh Maestros. "Vive el hoy como si fuese tu último día", he escuchado siempre. Ya habrá tiempo de parar. Son todos los hermosos caballos.
miércoles, 3 de julio de 2019
Eso es mejor, para mí
Me siento infinitamente mejor viendo a una persona orgullosa, altiva, que no le habla a nadie por "factedad" o por lo que sea, que viendo a una persona triste y desgraciada.
sábado, 20 de abril de 2019
Vivir y morir en USA. Los mejores cuentos policíacos de Akashic Noir
Los mejores cuentos policíacos de Akashic Noir
Selección y prólogo de Johnny Temple
Un día yo buscaba libros de Joyce Carol Oates en la base de datos de la biblioteca y me salió este título. Lo presté al ver que era una antología de relatos policíacos. Desde hace un tiempo para acá vengo leyendo mucho del género, tanto novela como cuento. Ya he leído a unos cuantos clásicos: a Hammett, a Goodis, a Caín. A Carol Oates la leí por primera vez en una antología llamada American Noir, editada por Otto Penzler y James Ellroy. (En esa antología conocí a varios titanes contemporáneos, empezando por el mismo Ellroy, siguiendo con Lehane, Block, etcétera. Hablo sólo de autores norteamericanos). La escritura de Carol Oates me pareció entonces artística, delicada.
En Vivir y morir en USA volví a encontrar a D. Lehane, a L. Block y a Carol Oates; a los demás no los conocía. Lo que más me cautiva de un texto es su originalidad, en la forma y en el fondo. Desafortunadamente casi todos los cuentos de esta colección, a excepción del de Oates, parecen escritos por un mismo autor. El estilo es prácticamente el mismo. Lo que cambia es la historia y, no obstante, todas tienen algo en común. Bueno, todas no; no puedo decirlo porque sólo leí la mitad de los relatos. Los que leí tienen en común el asesinato, el crimen, y quien lo comete goza de impunidad, aunque no siempre se libra, como en el caso de Mulholland Dive, de Michael Connelly. En ese cuento un tipo se dedica a convencer a mujeres incautas de asesinar a sus maridos adinerados. Los maridos terminan accidentados mientras van manejando por la carretera.Todo está planeado por el tipo, que les hace un trabajo a sus carros para que fallen en determinado momento; las esposas le pagan por el trabajo y como este está bien hecho, no hay sospechas de la ley. Sin embargo, el fin del tipo llega también con un accidente en la carretera. Su carro se vuelca y cae en un agua. Una suerte de justicia divina.
En otros cuentos el criminal es ajusticiado por la autoridad. Pero no me pondré a hablar a fondo de lo que leí. Por otro lado, todos los cuentos están por secciones, es decir, por tema; y cada sección trata el mismo tema pero en los cuentos se aborda desde puntos de vista diferentes. Me gustó bastante el de Hall. Demasiado cerca de lo real es muy bueno, excelente la manera sencilla que utiliza su autor para mostrar el concepto de "valle inquietante" y meternos de lleno en la historia. En el texto de Maggie Estep, la protagonista, Alicia, es una apostadora profesional que se gana la vida con las carreras de caballos (lo curioso: el cambio que se da en ella cuando ve que el novio, al cual no quería, mata a aquel viejo). El frasco rojo como la rosa y su referencia a Poe también me gustó.
En Vivir y morir en USA volví a encontrar a D. Lehane, a L. Block y a Carol Oates; a los demás no los conocía. Lo que más me cautiva de un texto es su originalidad, en la forma y en el fondo. Desafortunadamente casi todos los cuentos de esta colección, a excepción del de Oates, parecen escritos por un mismo autor. El estilo es prácticamente el mismo. Lo que cambia es la historia y, no obstante, todas tienen algo en común. Bueno, todas no; no puedo decirlo porque sólo leí la mitad de los relatos. Los que leí tienen en común el asesinato, el crimen, y quien lo comete goza de impunidad, aunque no siempre se libra, como en el caso de Mulholland Dive, de Michael Connelly. En ese cuento un tipo se dedica a convencer a mujeres incautas de asesinar a sus maridos adinerados. Los maridos terminan accidentados mientras van manejando por la carretera.Todo está planeado por el tipo, que les hace un trabajo a sus carros para que fallen en determinado momento; las esposas le pagan por el trabajo y como este está bien hecho, no hay sospechas de la ley. Sin embargo, el fin del tipo llega también con un accidente en la carretera. Su carro se vuelca y cae en un agua. Una suerte de justicia divina.
En otros cuentos el criminal es ajusticiado por la autoridad. Pero no me pondré a hablar a fondo de lo que leí. Por otro lado, todos los cuentos están por secciones, es decir, por tema; y cada sección trata el mismo tema pero en los cuentos se aborda desde puntos de vista diferentes. Me gustó bastante el de Hall. Demasiado cerca de lo real es muy bueno, excelente la manera sencilla que utiliza su autor para mostrar el concepto de "valle inquietante" y meternos de lleno en la historia. En el texto de Maggie Estep, la protagonista, Alicia, es una apostadora profesional que se gana la vida con las carreras de caballos (lo curioso: el cambio que se da en ella cuando ve que el novio, al cual no quería, mata a aquel viejo). El frasco rojo como la rosa y su referencia a Poe también me gustó.
viernes, 19 de abril de 2019
Un asunto vulgar - Arkady Avérchenko
Ahorita leí por internet un cuento de Arkady Avérchenko -autor ruso del que apenas conozco nada- llamado "Un asunto vulgar".
La historia: por una fría calle de alguna ciudad rusa, en la noche antes de Navidad, un pintor y un escritor se dirigen a una fiesta infantil en casa de un amigo editor (probablemente la hija de este cumple años. Pero ¿es en serio?, ¿van para una fiesta infantil?). En el camino se encuentran a un niño que tirita de frío. El niño es un pobre huérfano que no tiene a nadie en el mundo, sólo la caridad de las personas de buen corazón. Al verlo, el pintor y el escritor comienzan a divagar sobre este hecho. Lo interesante de la conversación es que ellos no centran su atención en la realidad del niño. Antes de encontrarlo, el escritor venía hablándole a su amigo sobre la escritura de cuentos navideños; le decía al pintor que los cuentos de Navidad eran difíciles de hacer. Porque, según él, había que desarrollar un tema vulgar, un tema en el que episodios trágicos de la vida apelaran al sentimentalismo para hacernos condoler, cosa que miraba con extrema reticencia. El asunto vulgar del cuento es la situación de aquel niño muriéndose de frío en la calle, ante la cual los personajes se muestran, por decirlo de alguna manera, "asqueados", sobre todo el escritor (el pintor le insta para ayudar al niño, pero el escritor le dice en pocas palabras: no somos las hermanas de la caridad). Y simplemente se van, dejando al pequeño en una muerte segura. Como si el hecho de ayudarlo fuese a resolver el problema. "No". Esto lo pensaría el escritor, cuya actitud, indolente y despectiva, es la característica más visible y espantosa de la gran civilización. Del hombre mismo.
Al leer "Un asunto vulgar", me fue inevitable pensar en Dostoievski, quien tiene un cuento titulado "El niño ante el árbol de Navidad". En él trata, precisamente, el tema del niño huérfano que se muere una noche en las heladas calles de Petersburgo, la víspera de Navidad. Dostoievski, por el contrario, hace que nos condolamos de su niño. Nos lleva con él a través de las sensaciones que experimenta; nos llena de tanta emotividad que uno siente el frío que él siente, su hambre, recibimos los golpes que le propinan algunas personas mientras ve por las puertas o las ventanas de las casas. Sufrimos lo que el personaje y estamos a la expectativa de lo que pueda suceder. Pero el tono fatalista del relato, las descripciones, todo, poco a poco nos va resignando, nos va anestesiando el ánimo, preparándonos para lo peor, y lo peor ocurre. El niño muere cuando se queda dormido en un lugar donde, si mal no recuerdo, hay maderos de leña. Él sueña con la madre de Jesús, que se lo lleva para el cielo y allá encuentra la compañía de otros niños ante un inmenso árbol de Navidad.
El autor de "Un asunto vulgar" se burla de esos cuentos sentimentales. Se burla de Dostoievski. Poco importan las tragedias de la gente más desfavorecida; este tipo de historias no conmueven a personas como las que ellos, los protagonistas, conocen; personas que están arriba en la escala social. "No, más vale no contarlo. ¡Un niño que se muere de frío! ¡Qué vulgaridad! Es una cosa que no puede tomar en serio ninguna persona dotada de un poco de gusto literario". Son las palabras de Dojov, el escritor. En el cuento, Dojov había escrito ya historias de navidad, en donde podía encontrarse ese mismo niño huérfano como protagonista. Y ahora que pasaba con Poltorakin por aquella calle lo tenían frente a sus narices, en carne y hueso. Pudieron ayudarlo y, sin embargo, no lo hicieron. ¿Por qué? Con sólo que lo hubieran contado a sus amistades, se habrían reído de ellos.
He averiguado de Wikipedia que Arkady Avérchenko, conocido como "El Rey de la Risa", fue uno de los escritores satíricos más populares de la Rusia de los años previos a la Revolución de 1917.
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