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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Carta a los editores de una revista cultural


Cartagena de Indias, 26 de octubre de 2024


Sras y Sres editores:

Con todo el respeto me dirijo a ustedes, antes que nada, para agradecerles por haberme dado la oportunidad de que un texto mío haya aparecido en su distinguida revista. El primer cuento publicado en mi carrera de escritor. Se titula "Los de arriba" y fue publicado el día 13 de marzo del año en curso. Recién ayer lo veo, luego de varios meses de su publicación, y en general estoy conforme con las correcciones del mismo. Lo único que me pareció desacertado fue que eliminaran una palabra importante que utiliza el personaje principal, como es la palabra maldiáticos. Se sabe que la gente común y corriente a veces tiende, por ignorancia, a implementar palabras raras o inventadas sobre la marcha en su lenguaje cotidiano. Sólo trasladé al papel una forma de hablar en específico. Y traté de quitar lo que me parecía irrelevante y añadir lo que faltaba, para que tuviera cierto ritmo, dejando apenas lo esencial, el esqueleto de una historia en la que una chica le cuenta un hecho de su vida a su pareja. Repito, me pareció desacertado que se haya quitado ese término; el personaje en cuestión quería dar a entender que aquellas personas para las que trabajó tenían la manía de ser desconsideradas, indolentes o malas. Unos hipócritas.

Por lo demás, todavía me parece un sueño ver ese relato publicado. Es un ejercicio de aprendizaje y tiene muchos defectos. Estoy infinitamente agradecido, feliz de que me hayan dado la oportunidad, sobre todo que hayan leído la historia y corregido fallas en la narración que se me escaparon. De verdad, gracias, gracias, gracias.

Atentamente, 

C. A.

domingo, 24 de noviembre de 2024

GOLERO


Foto de Joana Ribeiro Sabino



Tarde de domingo.
Me acabo de despertar
pero es como si aún 
estuviese dormido.
Limpio la seca legaña 
de mis ojos embotados.
No tengo nada que hacer;
bien podría seguir durmiendo.

Agarro un libro de poemas
junto a mi cama, recojo
la cortina de la ventana, 
la luz invade el cuarto,
deslizo la hoja de vidrio
y me acuesto de nuevo, 
esta vez a leer. 

Pero no estoy en el poema.
Lo leo sin atención.
Me pierdo en él.
Me detengo. Miro
a través del vidrio 
de la ventana. El cielo 
es un diamante en bruto, 
su empañado brillo ciega 
mis ojos embotados, 
a la vez que una música 
popular de picó
penetra en la estancia 
como un cuchillo: 
suena una champeta.

Pienso en otra noche más 
desperdiciada, zampado
en las redes sociales.
Y ¿así quiero ser escritor?

Fuera, 
ante la ventana abierta
una turba de mosquitos 
sobrevuelan borrachos, 
desesperados; en el aire
se arremolinan, zigzaguean
sin decidirse a entrar.
Más allá veo 
una lejana 
ave negra ascender,
lentamente, en espiral 
bajo el cielo gris, 
como un surfista en la playa
a punto de comerse una ola.
Es un golero, 
súbdito de la muerte.

Cierro la ventana,
no vengan a meterse 
los mosquitos.
 
Continúo la lectura.

sábado, 23 de noviembre de 2024

ASPIRANTE A ESCRITOR

   
"Leer. Era una costumbre que tenía desde el bachillerato. Fue por eso que entró a estudiar la carrera de letras en la universidad. Estando allá se le dio también por escribir. Incluso asistió a un grupo literario y se matriculó en un curso de escritura creativa, pero en el primero, luego de unas pocas sesiones se desanimó y descubrió que en medio de esa bandada de aves de corral no iba a aprender, y en las clases del curso de escritura se la pasó escuchando las estulticias que la profesora de literatura solía contar, no lo que necesitaba saber: bibliografía, técnicas de escritura, construcción de personajes... Y al final de la carrera se aisló de tal manera en su caótico mundo interno que entró en la órbita de la procrastinación, su tesis de grado se estancó, no porque quisiera sino porque no podía concentrarse, así que decidió ponerse a trabajar. Llevaba en ese son alrededor de once años, postergando lo impostergable. Había hecho todo tipo de trabajos informales y casi nadie lo contrataba formalmente, ya que le pedían experiencia certificada. En todo el tiempo que estuvo varado sólo dos empresas lo habían contratado. En una fue domiciliario de pollo frito, donde duró tres meses y renunció. En la otra fue estibador en el puerto y duró poco más de un año; y habría seguido trabajando allí si no fuera por el accidente que tuvo."
    

sábado, 16 de noviembre de 2024

COLOMBIA, UNA SELECCIÓN DE PECHOS FRÍOS



Parece una historia de nunca acabar. Ni siquiera es reciente. Viene desde la época del Pibe Valderrama y compañía. Siempre es lo mismo. Juegan como nunca y pierden como siempre. ¿Todo por qué? Un despiste, exceso de inocencia, en fin. Los jugadores colombianos no parece que fuesen del continente americano, esta tierra donde una raza autóctona es capaz de mostrar lo que sólo ella puede: la malicia indígena. Ayer, al ver el partido de Colombia ante Uruguay, me convencí de que por las venas de aquellas inocentes mariposas cafeteras no corre sangre vernácula.
No vale la pena describir el minuto a minuto del partido. Empezaron bien, aparentemente, con una tocata ejemplar, ejemplar. Vaya. Uruguay no tenía nada. No tenía creación de juego. Colombia se plantaba como dueño y señor, pero a algunos de sus jugadores insignes no se les veía el nivel a que nos tienen acostumbrados, como Davinson Sánchez, Daniel Muñoz y hasta el novato de Juan C. Portilla, quien reemplazó a Jefferson Lerma, dejó muchas dudas. Colombia no tiene recambio. Y los titulares normalmente no están en óptimas condiciones. Eso se ve en cada partido. Si alguno falla en su actuación, los demás no dan abasto, porque Colombia no es un equipo que tenga, ahora, individualidades que vayan a solucionar partidos. Si una de las piezas falla, todo lo demás se derrumba. Lo vimos en la final de la Copa América, cuando un dormido Carlos Cuesta dejó pasar al delantero argentino y nos cobraron factura.
El gol de Juan Fernando Quintero, que no es titular, llegó mientras más estaban jugando bien y, sin embargo, fue en una pelota parada. Lo lógico era un centro al área chica, puesto que el ángulo más adecuado para patear directo al arco le convenía a un diestro, y él es zurdo. Pero pateó por fuera de la barrera y el balón se enroscó hacia la base del primer palo. Qué felicidad de gol.
La felicidad no duró mucho. En el segundo tiempo empezaron a notarse los huecos defensivos, las llegadas a destiempo de Muñoz, las falencias de Sánchez y Lucumí. Johan Mojica se comportó con valor en todo momento. ¿Y Jhon Arias? Había desaparecido en el medio campo y sólo se supo que estaba jugando cuando el técnico lo sacó. Lo acompañaban Richard Ríos, a quien se le veían más ganas que juego en sí, y Quintero. Arriba Luis Díaz quería comerse el mundo y se lo comieron a él. Y Jhon Durán tampoco hizo nada, salvo una jugada en la que casi marca gol si no fuera porque el portero uruguayo metió la mano.
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que vino el autogol de Davinson Sánchez. De ahí en adelante vimos en acción a la garra charrúa. Su fuerza y empuje nos dice que no basta jugar bien para merecer un resultado; que en el fondo es lo de menos. Prevalece la malicia, todo cuanto perturbe la concentración del oponente. Y eso le sobra a Uruguay.
¿A qué se deberá tanta inocencia del jugador colombiano? Los demás goles lo que hicieron fue abrir más la herida que nos duele. El técnico argentino no se queda atrás. Decidió meter a Jerry Mina, a nada más y nada menos que al invisible de Santos Borré y a un desconocido Gómez que, no obstante, hizo posible el segundo gol de los nuestros. Pero, ¿hasta cuándo? Sólo Dios sabe. Si nuestra selección quiere coronarse como una de las mejores del mundo, estos son los partidos que hay que ganar, porque no son partidos cualquiera, son como finales. Así se cambia la historia.

Por mi parte, este va a ser el último partido que vi de la selección Colombia. No hay ninguna razón para poner las ilusiones en una selección de pechos fríos, hombres de carácter blando.

sábado, 27 de julio de 2024

Realismo


   Realismo uno

   En todos los idiomas y en todos los tonos se discute este concepto: realismo. Se lo confunde con naturalismo fotográfico; se lo vincula a la vulgaridad, a la pornografía, a la pobreza imaginativa; se lo opone al subjetivismo, o, quizá por considerarlo demasiado difuso y pálido, se le cuelgan cintas de colores -realismo crítico, realismo socialista, realismo mágico-, y sobre todo se lo usa como concepto para inventar novelas pésimas. Por mi parte no creo que el realismo pueda ser definido sin que sufra alguna seria mutilación y sin que ipso facto, y según quién o cómo lo defina, nos veamos obligados a expulsar del realismo, por turno, a casi todas las grandes obras realistas de la literatura universal. Si Ana Karenina es realista, el Quijote no lo es; si Balzac, no Shakespeare. Descartada la posibilidad de decretar una unidad de medida de estilo del metro de París, parece sensato admitir el siguiente hecho: cada época, cada pueblo -cada artista-, expresan su versión de la realidad: una versión historizada, subjetiva y fatalmente parcial e imaginaria. La realidad es más vasta y más cambiante, y más sorprendente, de lo que capta por lo general un profesor de estética. Vivir en Grecia, en tiempos de Homero y no hablar de dioses, coturnos alados y gigantes de un solo ojo, siendo poeta, hubiera sido una casi monstruosa mistificación de la realidad. La objeción de que gigantes y dioses no existían es harto bárbara. En principio, porque si Homero no cabe en el realismo, peor para el realismo, y luego porque la realidad -la confusa y mítica y disparatada realidad humana- admite dragones y centauros, toneles donde encerrar los vientos, y violaciones de muchachas del tamaño de un clítoris, sobre todo si uno vive en la Hélade unos mil años antes de Cristo. Y digo "sobre todo" por una especie de cortesía.
    En suma, no siendo el realismo ni una escuela ni una moda, y siendo la literatura un arte humano -sujeto sólo a las condiciones históricas y al talento de cada cual- no es difícil admitir que, incluso en una misma época, el realismo asumirá formas diversas y aun antagónicas, si se lo piensa desde realidades opuestas. Como definición, deja mucho que desear, me doy cuentas, pero tiene el modesto mérito de ser la verdad.


    Realismo dos

    El realismo bien entendido no es una escuela, ni una corriente, no otra cosa alguna por el estilo; es el único modo de hacer obras de ficción. Incluso, obras fantásticas.


Abelardo Castillo, Ser escritor   

viernes, 26 de julio de 2024

El estilo


"El estilo supone no escudarse en absoluto. El estilo supone no poner fachada en absoluto. El estilo supone una naturalidad definitiva. El estilo supone un hombre solo con miles de millones de hombres en torno."

William Wantling en su Prólogo inédito a 7 sobre el estilo  


"Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: "ahí está la ventana" que "la ventana está ahí". En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo."

Abelardo Castillo, Ser escritor  


"El hombre es el estilo". 
                                                                                 
Adolfo Pacheco Anillo, compositor vallenato  

lunes, 15 de julio de 2024

LA DECEPCIÓN COLOMBIA DE SIEMPRE


 

El invicto de la selección Colombia duró veintiocho partidos. Antes de eso, nadie daba un peso por ella. Era una selección que iba de capa caída en las eliminatorias. La mano de Néstor Lorenzo fue clave para que sus jugadores, la mayoría de ellos sin experiencia ni temple, se reorganizaran en la cancha y su juego comenzara a dar resultados positivos. El cambio de actitud fue tan drástico y milagroso que todos pensamos que la selección estaba para grandes cosas. Y así era. Pero su racha ganadora no ocultaba sus debilidades, las que al principio habían mostrado a un equipo en transición, con jugadores jóvenes que llegaban y otros ya maduros que salían.
Uno de los más "viejos" a los que, sin embargo, Néstor Lorenzo convocó, y cuya decisión fue controversial, es James Rodríguez. ¿Quién iba a pensar que un volante que venía de una intermitencia penosa y no era titular en el Sao Paulo, se fuera a convertir en el más destacado de la Copa? Nadie. James no es un jugador brillante, pero lo más valioso en él es su zurda prodigiosa y su entrega, y eso, junto con su experiencia, lo ha convertido en el capitán de la Tricolor. A su lado estaba Richard Ríos, Jefferson Lerma y John Arias, quienes tampoco son brillantes pero se les rescata su buena capacidad de juego. Los delanteros titulares, Luis Díaz y John Córdoba, venían de hacer un buen trabajo en sus clubes y sudaban la camiseta con la selección, pero como nada es perfecto, ya se sabe cuáles son sus defectos y virtudes. En cuanto a Luis Díaz, que juega en el Liverpool junto a Darwin Núñez, hay que decir que es un excelente regateador pero tiene en común con su compañero de club que se comen el 99 por ciento de los goles; Luis Díaz no es goleador y, de hecho, paradójicamente se le dificulta hacer goles. Córdoba tiene más gol que Díaz pero es como una locomotora que al avanzar parece ir a trompicones, estrellándose con los demás, y no sabe tirar buenos centros. Por otra parte, en la línea defensiva es donde está la fragilidad del equipo, a pesar de que Davinson Sánchez, Johan Mojica y Daniel Muñoz se convirtieron en unos titanes en el fondo, sobre todo Muñoz, un defensa que hace más goles que los propios delanteros. Hablo de la joya de Carlos Cuesta, el punto débil por donde los rivales han entrado como pedro por su casa.
Esta es la nómina titular. En la suplencia encontramos a los pollos Asprilla y Durán, a tipos más duchos como Quintero, Carrascal, Mina, Santi Arias, Uribe, Borré, Castaño, Sinisterra, Borja. Para ser sinceros, con excepción de Quintero, Asprilla y Carrascal, entre los suplentes no hay uno que sustituya como se debe a los titulares. Y cuando Lorenzo mete, por ejemplo, a Borré, Uribe o Castaño, los más lamentables del seleccionado, en vez de sumar lo que hacen es restar. De esos jugadores no se explica uno charadas como comerse goles cantados, en boca de jarra, o tener la virtud de hacerse invisibles en los partidos decisivos.
Los dos últimos partidos (con Uruguay y Argentina) los delanteros no estuvieron a la altura, sin contar la estupidez del defensa Muñoz al hacerse expulsar infantilmente en semifinales. No se explica cómo un equipo que resurgió de las cenizas haya llegado tan lejos para nada. No sabe uno si toda su senda de triunfos ha sido sólo cuestión de suerte o el inicio de un nuevo proyecto prometedor que más adelante terminará en los mismos sinsabores de siempre.
Perdimos la final de la Copa América 2024 con una Argentina anciana que mostró su jerarquía en todo momento y en el tiempo extra nos apuñaló la ilusión con un gol de Lautaro Martínez. Con esta, Argentina suma ya 16 Copas América, superando a Uruguay sólo por una, y se convierte en la selección más ganadora de esta copa. Colombia, por su parte, la ganó una vez en el año 2001; pero muchos dicen que es de cartón, regalada. En esa edición, debido al conflicto interno en el país donde se realizaría (Colombia), por la inseguridad no participaron Canadá ni Argentina, una de las más duras en este torneo.

sábado, 1 de junio de 2024

Lawrence Block


Hace tiempo conocí a Block leyendo el libro de relatos negros titulado American Noir (antologado por Otto Penzler y James Ellroy) con su cuento Como un hueso en la garganta. Ahora no recuerdo muy bien el argumento, pero era de un asesino en serie al que dictan sentencia y desde la cárcel envía y recibe cartas de admiradoras. De ese cuento saqué una frase que me tramó desde entonces y que escribí en un pedazo de cubierta de cuaderno. Lo tengo a la vista en mi escritorio:

"Una vez en marcha, resulta sorprendentemente fácil encontrar las palabras."

Voy a escribir esta frase en un afiche grande y lo pegaré en la pared, como recomienda Carver en un texto. Es una frase atractiva, sugestiva, y debe sembrarse en el subconsciente. De Block tengo en pdf las series de novelas de Bernie Rhodenbarr y Matt Scuder, y El sicario. Aún no las he leído. Más adelante lo haré con detenimiento. Block aparece en facebook. Yo le envié la invitación de amistad y me la aceptó. No sé si sea él quien maneje sus redes. Pero suele publicar, entre otras cosas de su trabajo como escritor, imágenes de conejos, ¡rabbits, rabbits!, probablemente por su simbología.

viernes, 24 de mayo de 2024

Sobre la lectura en voz alta


"Como Plinio había explicado, las lecturas públicas del autor estaban pensadas no sólo para llevar el texto al público sino también para devolvérselo luego al autor. Sin duda, Chaucer corrigió el texto de Los cuentos de Canterbury después de sus lecturas públicas (tal vez poniendo en boca de sus peregrinos algunas de las quejas que había oído, como las del Hombre de Leyes, que encuentra pretenciosas las rimas de Chaucer). Moliere, tres siglos más tarde, acostumbraba a leer sus comedias a la criada. “Si Moliere hacía eso”, comentó el novelista inglés Samuel Butler en sus Notebooks [“Cuadernos”], “era porque el simple acto de leer su obra en voz alta le hacía verla con una nueva luz y, al obligarlo a fijar la atención en cada verso, la juzgaba con más rigor. Siempre me propongo leer en voz alta a alguien todo lo que escribo, y en general lo hago; casi cualquiera sirve, con tal de que no sea tan inteligente que me dé miedo. Cuando leo en voz alta encuentro enseguida los puntos débiles en pasajes que, cuando sólo leía para mis adentros, me parecían correctos”."

Alberto Manguel en Una historia de la lectura

Nota: leer también Manifiesto por la lectura y El infinito en un junco de Irene Vallejo, releer Manual de la lectura en voz alta de Jim Trelease. 

miércoles, 22 de mayo de 2024

Saltar al vacío



Acabo de ver un vídeo donde un joven estaba montado sobre una baranda metálica al borde de lo que parecía un puente, con la intención de suicidarse. El cielo azul de la tarde estaba encapotado de nubes grisáceas. Las pocas personas aglomeradas bajo la estructura le decían al joven que no se fuera a tirar, que pensara en su mamá, que la vida era muy bonita. Las voces tenían acento del interior de país. En la carretera se habían amontonado motos y algunos camiones. El joven miraba al vacío y agachaba la cabeza; a veces volvía el rostro hacia las personas que le decían palabras de aliento. Y yo pensando si aparecería la policía, si no lo iban a agarrar. Eso estaba algo alejado de la ciudad. El puente se extendía encima de un valle arbolado, circundado a lo lejos por una profusión de edificios y, más allá, una cadena de montañas. De pronto el joven se irguió. Tal vez se arrepienta de hacerlo, pensé. Las personas que abajo le hablaban alzaron la voz. El joven avanzó hacia delante. No sé por qué me sorprendí cuando saltó; era lo que pretendía. Aun así guardaba la esperanza de que no lo hiciera. Pero, ¿quién soy yo para saber lo que va a pasar? 

Así acaba todo.

Solo escribe

OLVIDATE DE TODO Y ESCRIBE. NO TIENES MÁS OPCIÓN.